De pequeño yo era “David el travieso”. No es que fuera un gamberro y actuara de modo insolente o alocado, de hecho, aunque me ha tocado y me toca hablar ante cientos de personas, sigo siendo bastante tímido y tengo fama de “diplomático y mediador”. Aquella definición se debía, más bien, al hecho de intentar descubrir cómo funcionaban las cosas y si podían tener otras aplicaciones. Apenas tenía 5 años pero ya tenía un marca personal, aunque no la había elegido. Y es que, cuando se trata de establecer nuestra marca personal, el principal problema suele ser que los demás ya nos han adjudicado una y no siempre coincide con la que nos gustaría.

Porque lo habitual es que cuando te das cuenta de que es importante establecer tu marca personal llevas muchos años sin preocuparte de ella o, mejor dicho, llevas muchos años construyendo, sin querer, una marca que está fuertemente establecida en tu comunidad.

Por ello, para volver a tomar el control de tu marca, a fin de que realmente refleje lo que eres, o lo que quieres llegar a ser, hacen falta tres ingredientes esenciales.

Coherencia

El primero es la coherencia. La gestión de una marca personal no tiene nada que ver con lanzar una campaña publicitaria diciendo lo majo que eres, porque, de lo que se trata, es de cambiar, o fortalecer, la percepción que los demás tienen de ti, y esto solo se consigue si todas tus acciones, lo que haces y lo que dices, llevan la misma línea.

En caso contrario la discrepancia acabará siendo notoria y conseguirás justo lo contrario de lo que pretendías. Me viene a la mente la famosa frase: “Tus hechos  gritan tan fuerte que no me dejan oír tus palabras”, por ello la coherencia resulta esencial para una correcta gestión de la marca personal.

Dedicación

El segundo ingrediente es la dedicación. Cuidar tu marca personal debe ser una labor continua en el tiempo. Debes mantenerte alerta y observar la evolución de tu marca en la mente de tu comunidad realizando las correcciones que sean pertinentes en tus palabras o comportamientos para ir afianzando tu marca en la línea adecuada.

Olvídate de aquél viejo refrán que decía “cría fama y échate a dormir”. Tu marca personal se parece más a esos famosos “platillos chinos” que se ponían al final de unas varillas y a los que hay que darles vueltas para que no se caigan. Si te paras aguantarán un poco, pero se acabarán cayendo sin remedio.

Consistencia

Quizá más que un tercer ingrediente sean la consecuencia de los dos anteriores, pero para que tu marca llegue a forjarse en la mente de tu comunidad hace falta que tus acciones no sean pasajeras. Tu marca ha de llevar una línea clara y persistente si quiere sobrevivir a los posibles avatares o problemas que van a surgir.

Si, por ejemplo, siempre te has caracterizado por tu rapidez de servicio y un día, de forma puntual, fallas tu cliente es más propenso a “olvidarlo” que si es el primer servicio y no te conoce de nada.

En un mundo cada vez más virtual y más global, la marca personal, la percepción que los demás tienen de nosotros, corre más y es más válida que lo que somos realmente, de ahí la importancia de que te asegures de que ambas converjan, no sea que te pase lo mismo que a Charles Chaplin, quien se presentó a un concurso de imitadores de Charlot y no pasó de la primera ronda por no ser “suficientemente parecido”.

¿Le añades algún otro ingrediente a la gestión de tu marca personal?

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Ilustración por Frits en Flickr (CC)

 

 

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