Me he pasado media vida instalando y manteniendo maquinas extraordinariamente complejas y, en todos los casos, la mayor preocupación del cliente era saber cuántos botones tenía que apretar para que funcionara.

Pues bien, los planes de social media, las acciones de promoción, las landing pages, etc., pueden ser cuestiones tremendamente complejas de implementar, pero la clave que debe regir su funcionamiento para el cliente/visitante la encontramos en el famoso lema: Keep it simple, Mantenlo Sencillo.

Aunque si me permites una matización yo hablaría más de “mantener claro” o “mantener fácil”, porque el secreto que ha permitido a Apple alcanzar el puesto de referencia que ha alcanzado y lo que hace que las buenas landing pages conviertan muy por encima del resto es que sus productos son fáciles de utilizar o que sus mensajes son claros. Un mensaje concreto y una única acción a realizar.

Porque “mantener claro” o “mantener sencillo” no quiere decir que sea fácil de generar. Conozco ese mundo y sé que desarrollar un sistema operativo intuitivo o una interfaz amigable no tiene nada de fácil, y diseñar una web, una landing page o un plan de social media eficaces e impactantes, tampoco tiene nada de fácil, sino que requiere de mucho trabajo y de muy buenos profesionales.

Sin embargo, da la sensación de que con tantas herramientas como hay cualquiera puede diseñar una web o gestionar los perfiles de una empresa y, por eso, es relativamente habitual encontrar páginas con diseños inadecuados, con mensajes confusos dirigidos a todo tipo de clientes y en todas las fases del embudo de conversión o estructuras tan confusas que es prácticamente imposible llegar dos veces a la misma página.

Y esto, cuando cada vez tenemos más posibilidades y accedemos a más contenidos, y por tanto cada vez podemos dedicar menos tiempo a cada contenido, vuelve esencial el tema de este artículo: “Hazlo fácil de usar”.

Una página, una idea. Una landing page, un tipo de cliente. Un plan de social media explicado en términos que el cliente pueda entender y con los beneficios que va a obtener. Una acción, un solo tipo de botón.

Mensajes sencillos, directos, que apelen a nuestras emociones o sensaciones, que puedan ser procesados por nuestro sistema límbico y generar respuestas intuitivas, casi automáticas.

Por supuesto, esto no significa que nuestras páginas estén vacías o que nuestros informes se limiten a cuatro líneas que digan “vas a ganar más clientes”. Significa que tienes que velar porque cada frase, cada imagen, cada gráfico y cada color aporten valor a tu mensaje y centren la atención en tu objetivo sin distraer.

Porque hacer un mensaje sencillo no quiere decir que sea aburrido. Tus mensajes más sencillos deben ser los más impactantes, los que hagan tus contenidos únicos y a tu marca memorables.

Y recuerda que la genialidad (y la profesionalidad), consiste en esto mismo, conseguir hacer fácil lo complejo.

¿Me dejas tu opinión en los comentarios? Gracias.

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Fotografía por Rachel en Flickr (CC)

 

 

 

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